Twiggy (II)


Esparces un aroma de vinilo por el Millbank con tus alas de charol desplegadas y un haz de luz naranja de tus ojos grandes refulge en el pavimento mojado.
Las ruedas finas de tu bicicleta dibujan un bonito surco en el papel couché mientras The Who marca la cadencia de tu pedaleo por el efímero Swinging London.

Nosotros seguimos en el Morphet Arms, esperando tu sonrisa antes de que nos la roben los reporteros gráficos.

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ridesabike.com
Foto:
Ronald Traeger

Paisaje romántico

Agazapado entre los juncos del estanque en el que nadas,
tan aquietado el corazón como se pueda,
escribiré un hermoso poema de amor a la naturaleza.

Absorto en el brillo ondulante de tu espalda,
sofocaré el latir del sentimiento,
y conjugaré expresar por describir, en el intento

de retratar un frondoso paisaje romántico con náyade,
y luego me quedaré, para admirarla en secreto
entre las ruinas del templo de una diosa del amor pagano.

romantico
Oli d’Ignacio Pinazo Camarlench

 

Versos para dos flores en el páramo (a Eduardo Vicente y Gerardo Diego)

trama
Llàpis d’Eduardo Vicente, entre 1955-1965
paramo
Gerardo Diego

Escondo mi desnudez
bajo el velo transparente de unos versos
y tras sus hilos
espío invisible tus movimientos ante el espejo.

Un paño suave acaricia tus senos
y con los dedos recorres la humedad
de tus sombras y tus brillos.

Pero ahora que has visto mi reflejo,
se desvanece este velo
y entre nosotros sólo queda un verso.

Sprint

sprint
Foto sportsnewscr.com
Una nube de tormenta empujada por el viento desbocado,
levanta una polvareda de delirio por las avenidas.
Un arco iris vertiginoso pinta los gritos y el asfalto.
La fuerza inapelable de una bestia devoradora de sacrificios individuales
enardece a la multitud.
La lógica despiadada del pelotón arrolla los límites humanos
en un torbellino de victoria y de derrota.

Sigo tus huellas

Sigo tus huellas sobre la tierra de un sendero en el monte,
te paraste en el recodo a recoger unas flores.
Nadie más ha pasado por aquí, sólo tú y yo tras de ti.
Veo sus tallos cortados y el leve gemido de su aroma aún sigue flotando entre las piedras,
sé que estás cerca pero te oculta el claroscuro del bosque.

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Soñarte

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Contemplar tus estrellas
en los cabellos de la noche escarchada


Aspirar tu brisa entre los pliegues de la roca desnuda


Acariciar tu hierba sobre la humedad de un prado dormido


Y soñar aún con paisajes dónde nunca te encuentro

Tantos libros

 Tantos libros, tantos versos han pasado 
que apenas recuerdo tu rostro
y sin embargo, todavía oigo tu risa chillando mi nombre
y veo tus labios abiertos que reflejan el agua del río

He leído tu nombre en las volutas de mi memoria
y aún hay briznas de hierba y arena
entre las páginas evanescentes de aquellos veranos sin calor
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